miércoles, 15 de julio de 2009

CUALIDADES MORALES DE UN DIRIGENTE REVOLUCIONARIO

Por: Eduardo Gallegos Mancera
En este trabajo se presentan fragmentos de la obra “Las cualidades del dirigente” de Eduardo Gallegos Mancera, publicada en 1988 y constituida por una selección de artículos aparecidos en “Tribuna Popular”. Ellos pueden contribuir al actual debate sobre el comportamiento ético del dirigente revolucionario en la Venezuela de hoy. La selección de los textos fue realizada por su hija Alicia Gallegos.

Eduardo Gallegos Mancera fue un médico revolucionario venezolano dirigente del Partido Comunista de Venezuela PCV, quien nació en 1915 y murió a los 74 años en 1989.

CUALIDADES MORALES DE UN DIRIGENTE REVOLUCIONARIO

“...Distamos mucho de ser los hombres nuevos, impregnados de colectivismo, exentos de egoísmos. Pero debemos irnos creando conciencia cabal al respecto, percatarnos de nuestras insuficiencias y contradicciones para superarlas día a día. Somos perfectibles, eso sí, y nuestros principios nos ayudan. Establecer la identidad entre el pensar, el decir y el hacer es nuestra obligación.”

“…El dirigente tiene que ser honesto, integralmente honesto. La honestidad es indivisible. No se puede ser “medio honesto”, ni en la vida diaria ni en el actuar partidista: no hay “medio ladrón”, ni “tres cuartos de ladrón”. Hay sólo “ladrones”. Y el robo no tiene atenuante.”

“El dirigente -no importa cuál sea su cargo- debe ser modesto, y ha de saber apelar a la persuasión antes que a las medidas disciplinarias. Esta actitud no está reñida con la firmeza en los casos sustanciales. [El dirigente revolucionario]...debe estudiar sin cesar. Se dice que no da tiempo para ello y es ésta una excusa que no debe aceptarse. Siempre habrá lugar para el repaso de los textos clásicos que conservan su validez a través de los tiempos. Y no solamente esto, sino que debe seguir con atención el curso de la política nacional y regional, de la economía del país, de los fenómenos sociales que se operan a su alrededor, para informarse e informar a la base, asunto de cardinal importancia.”

“La tarea medular [del dirigente revolucionario] como tal -sobra decirlo- es el trabajo con las masas y dentro de las masas. Es la premisa para crecer y para llegar al objetivo esencial: la transformación socialista de la nación.”

“... Lo relativo al valor personal, al coraje revolucionario. Nadie exige temeridad sino firmeza sin desmayos ni declives ante [la contrarrevolución]… [El dirigente] debe conservar la cabeza fría y el pulso firme, manteniendo sin altibajos la altivez propia de los revolucionarios. No provocar ni dejarse provocar: tal es la actitud correcta, pero en todo momento conservar la serenidad y el espíritu combatiente.”

“…No hay que desconocer empero, que los intelectuales en general, tienen características especiales y es preciso tenerlos en consideración, no para exonerarlos de deberes, no para darles rango de privilegiados, sino… para acerar sus voluntades, para ayudarlos a desembarazarse de lastres y vacilaciones.”

“...No debe eludir tareas enojosas ni arriesgadas. No debe auto-asignarse prerrogativas ni atenerse a horarios precisos. Tiene, antes bien, que estar dispuesto a trabajar extra, los domingos y otros días de fiesta, cuando las circunstancias lo reclamen.

“...Somos patriotas por definición, ideología y programa. Y por patriotas somos internacionalistas.”

“...Conceder especial atención a lo del beber en exceso y a lo del fumar. No estamos pidiendo que el [proceso revolucionario] se integre solamente con abstemios, pero el beber consuetudinariamente no sólo perjudica la salud del militante, sino que lo daña espiritualmente y políticamente.”

LA ADULACIÓN

“Entre los fenómenos negativos que, afortunadamente con poca frecuencia, aparecen en las filas [del proceso revolucionario] y entre sus dirigentes, está el de la adulación y el mutuo elogio, que fácilmente se entrelazan. No es que debamos desconocer mezquinamente los méritos de tal o cual cuadro, pero sí desterrar todo lo que signifique excitar la vanidad del dirigente. No caben esas costumbres dentro de la moral [revolucionaria]; el cultivo de tal práctica conduce a cosas peores, por lo cual se tiene que atajar a tiempo… Una cosa es la sana admiración hacia el líder y otra el halago insincero que se hace casi siempre con propósitos calculados. Y el cálculo es un rasgo negativo igualmente repudiable y no fácil de detectar… Calculador es quien oculta su opinión, por ejemplo, para no disgustar al dirigente… o quien se abstiene de opinar o contrariar con objetivos personales [en la mente], sean cuáles fueren éstos… [Pero no debemos olvidar que] más culpable es quien se deja adular que el adulante mismo…”

LO COLECTIVO

“El mejor antídoto, la mejor prevención de la improvisación, del mandonismo… y de otros vicios… es el trabajo colectivo y su componente inseparable, la dirección colectiva… Es una mentalidad que es preciso inculcar… un estilo a imponer, una metodología a establecer y defender… Para garantizar su práctica permanente, esta norma cardinal debe ir condicionada por la tolerancia de las opiniones individuales, la persuasión y no la orden de mando, aun cuando sea inevitable, en caso de no lograrse consenso, apelar a la votación por mayoría… La premisa es que las decisiones sean el fruto de la elaboración colectiva, de la discusión necesaria, de la ponderación de criterios y no de la incumbencia de algún dirigente, lo cual no disminuye el rol de éste, sino antes bien lo realza…”

PENSAMIENTO DIALÉCTICO

“Todo revolucionario en afán de superación debe esforzarse por pensar y actuar bajo la inspiración de la dialéctica materialista… No se trata de un aprendizaje mecánico, sino de penetrar en su esencia, de proceder de acuerdo con sus postulados, de adaptar nuestro razonamiento a esos principios:… la relación de lo nuevo con lo viejo, la unidad de los contrarios, el salto creador de lo cuantitativo a lo cualitativo, la transformación incesante de todo lo que nos rodea… Actuar dialécticamente implica concebir todo proceso, no como algo estático y rutinario, sino en perpetuo movimiento, en cambio constante con base en las contradicciones que constituyen el fundamento del progreso social. En lo grande y en lo pequeño, enfocar todo desde la óptica de la dialéctica marxista…[según la cual] todo ser, toda comunidad, todo sociedad y proceso están condicionados por el movimiento interno y por las influencias exteriores… Es imperioso habituarse a razonar dialécticamente sin necesidad de memorizar los enunciados, en forma dinámica y no estática. En el universo, lo inmutable no existe: todo se halla en transformación. Y el revolucionario ha de proceder en consecuencia, avizorando oportunamente los cambios producidos y los cambios por sobrevenir. Percibir a tiempo los nuevos fenómenos. Sólo así nuestra labor puede ser fructífera… El conservadurismo mental… no tiene piso entre nosotros…”

DISCIPLINA

“Nuestra disciplina debe ser férrea, lo cual no quiere decir aplicación ciega de sanciones a cada paso. Para que la disciplina sea aceptada, es necesaria la información… y el empleo de la persuasión. Directivas a rajatabla corren el riesgo de no ser entendidas o de ser mal ejecutadas. Y nada más lejano a nuestra ética revolucionaria…El caudillo –o el que pretende fungir de tal- siempre fracasa, a la larga o a la mediana.”

CRÍTICA Y AUTOCRÍTICA

“La crítica… debe ser constructiva, para ayudar y no para destruir. Tales tipos de “críticos” a menudo terminan mal. No ven la paja sino en el ojo ajeno. No miran hacia adentro. Pero hay otros que no critican para no ser criticados.. Y he aquí la razón de este artículo: crear conciencia autocrítica y hábito autocrítico… Nuestra autocrítica, colectiva e individualmente, debe ser ante todo sincera, por convicción y no por “quedar bien. Debe ser valiente e ir al fondo, analizando causas y no solo el hecho aislado.”

DOGMATISMO

Es importante prestar constante atención a algunas muestras de dogmatismo que pueden aparecer en la conducta del dirigente revolucionario, para enfrentarlas y combatirlas. Por ejemplo:

Dogmatismo… es “la falta de presteza para la adaptación constante a las nuevas realidades, el apego a la rutina, la repetición mecánica y la actitud no dialéctica en formulaciones y enfoques, los recelos injustificados hacia lo nuevo…”

“Dogmatismo sería repudiar los cambios, desconocer las transformaciones incesantes en el plano nacional e internacional, que se producen en la esfera política, ideológica y económica, hacer abstracción del debate que debe tener lugar en el movimiento revolucionario…”

“Dogmatismo sería aferrarse a fórmulas memorizadas, a enfoques tiesos y dejar a un lado la dialéctica como método para encarar las nuevas situaciones y los nuevos fenómenos…”

“Dogmatismo es dejar de defender los postulados del internacionalismo, la convicción de que a la internacionalización del capital hay que responder con la lucha también internacional de los trabajadores, de los pueblos…”

SOBRE EL MOVIMIENTO FEMENINO

“Este tópico es trascendente para el movimiento revolucionario, por lo cual no podía faltar en una serie de carácter educativo… No puede hablarse del movimiento femenino como de un todo ideológico homogéneo; diversas variantes se agitan al respecto: la feminista radical, exagerada, de índole típicamente pequeño-burguesa, que ignora el fondo de clase del problema y plantea a menudo la lucha enconada contra la otra mitad del género humano sin incriminar a los regímenes sociales que han constreñido a la mujer durante milenios, desde la esclavitud hasta el capitalismo presente… Se trata de una desviación de carácter negativo, enteramente estéril, y que degenera a menudo en caricatura, como pedir el “derrocamiento del varón” y la consigna “abajo los sostenes”. De lo que se trata es de enmarcar este tipo de lucha dentro del contexto de los combates de clase y no sustraerlo de la acción permanente por la transformación social, como lo intenta la corriente feminista reformista, auspiciada por la burguesía: simples modificaciones jurídicas e institucionales, que no alteren la estructura social viciada que impugnamos.”

“El feminismo… es una tendencia aventurera, de absurdas motivaciones, que se entrelaza a menudo con el extremismo político, con el verbalismo “ultrarrevolucionario” y que con frecuencia encubre un complejo de inferioridad en quienes la lideran…”

“Frente a estas variantes se yergue la fórmula socialista, la de la emancipación progresiva de la mujer, con todas sus dificultades, que se deriva de la incorporación en masa del género a la producción, que tiende a liberarla del yugo de las labores domésticas y que forma parte inseparable del torrente revolucionario…”

“… De lo que se trata es de abolir la discriminación sexual que para provecho de los explotadores ha imperado hasta el presente en desmedro de más de la mitad del género humano.”

LA MORAL REVOLUCIONARIA

“… Tenemos una moral revolucionaria que se distingue radicalmente de la moral contrarrevolucionaria, edificada ésta durante centurias… y cimentada básicamente en la defensa de la “sacrosanta” propiedad privada, en el derecho a la explotación y al lucro sin límites. Nuestra moral culminará con la conquista del socialismo…”

El revolucionario “no puede tener dos vidas: una en el partido y otra en el hogar o en la calle… Y aquí está lo medular de este planteamiento: la conducta política [del dirigente revolucionario] ha de estar en plena armonía con su conducta privada y con su proceder en público…”

“Nosotros somos idealistas en la medida en que abrigamos ideales de justicia, paz y solidaridad. Y no vacilamos –o no debemos titubear- en sacrificar nuestra existencia en aras de que esos postulados imperen sobre el planeta…”

Fuente:

Gallegos Mancera, E. 1988. “En vivo y directo: Las cualidades del dirigente”. Editorial: Cooperativa Mixta de Trabajadores Gráficos COTRAGRAF, Caracas.

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